30 may. 2010

Izmir - Esmirna


Tras unos días en Estambul, nuestra siguiente parada fue Izmir, o la antigua Esmirna. La verdad es que tras el largo viaje y el ajetreo de la Otogar de la ciudad, la llegada al hotel nos pareció un regalo. El Hotel Karaca fue uno de los más caros del viaje, aún así, cabe destacar que merecía la pena. Llegamos sobre las 8 de la mañana al hotel, con esperanzas de que aunque sea nos dejaran dejar las maletas. Nuestra sorpresa llegó cuando nos dijeron que en una hora nos prepararían la habitación y que mientras tanto, nos invitaban a desayunar. ¡Que alegría! y es que la verdad, después del duro viaje en autobús desde Estambul, estábamos hambrientos y cansados, y aquel desayuno supo a gloria.
Tras instalarnos, comenzamos a caminar por las calles de Izmir descubriendo la ciudad. Nuestra sorpresa fue considerable, al ver que a diferencia de en Estambul, allí no había turistas. Al parecer no es una parada típica en esos agotadores tours de Una Semana "Turquía mágica".
El bazar de Izmir, era una maravilla. Un auténtico bazar turco, lleno de turcos, y no de "souvenirs" para turistas. Lo que si es cierto es que nada más entrar al bazar nos identificaron como turistas y nos quería vender lo que sea. En el centro del bazar, hay unas cafeterías en la sombra que suelen estar abarrotadas de compradores locales, pero que son como un oasis dentro del bullicio del Bazar. No muy lejos del bazar que da el ágora de la Esmirna romana; la verdad es que nosotros fuimos a verla muy pronto por la mañana, para evitar el calor de las horas centrales del día, y nos encontramos totalmente solos con la vendedora de tickets y el guardia de seguridad, así que una maravilla.
Respecto a la gastronomía, muy recomendable un peque
ño restaurante de pescados situado en el bazar, en la calle de la venta de mascotas si no recordamos mal, y de nombre Tabaklar. De todas maneras, el restaurante lo encontramos por la guía y como ella decía, era bueno y barato. Aún así, cualquier kebab en la ciudad resulta muy confortable al final del día, al igual que los Kofte. Recordamos lo buenos que eran los kebabs de un pelirrojo (hay muchísimos en Izmir) que por solo una lira pudimos degustar.
Pero quizás lo mejor de Izmir, fueron los paseos por el paseo marítimo al atardecer, cuando los propios habitantes de la ciudad se acercan a beber un té, o simplemente a pescar desde la orilla.

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